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Un vestuario de fútbol no es solo un lugar para cambiarse…

Un vestuario de fútbol no solo es un lugar para cambiarse, es un lugar donde se juntan un grupo de personas que tienen la misma afición y los mismos sueños.
Qué comparten las mismas ilusiones, que trabajan para un mismo objetivo, un grupo de amigos que se alegran, que pasan mucho tiempo juntos, incluso salen grandes amistades para el futuro, siendo incluso amigos íntimos.
Un lugar donde sueles encontrar amigos para toda la vida.

 

Pero también un lugar complicado donde no se puede tener contento a todo el mundo.

Lo que si tengo claro que hay que tener siempre un criterio a la hora de tomar decisiones, ser claro y sincero y no engañar a nadie.

 

¿EQUIVOCARSE? Seguramente todos los días… por eso hay que ser humilde y aprender de todos los que componen ese vestuario y de los errores que se puedan cometer.

Siempre hay gente que sabe mas que tu, siempre nos equivocamos, y siempre se toman decisiones que al cabo del tiempo piensas que hubiese ocurrido se se hubiese tomado otra decisión.

 

Un mundo complicado el fútbol, ya que dependiendo de que situación tenga cada persona, eres bueno, malo o muy malo.

 

Pero insisto, lo mas importante es tener un criterio, ser claro, sincero e intentar ser buena persona, aunque siempre habrá alguien que pensará lo contrario.

 

Qué bonito es el fútbol, pero que feo es otras veces.

 

@javi_pitu — www.javipitu.es

Hoy no puedo ir a entrenar

Interesantísimo artículo.

 

Hoy no puedo ir a entrenar. He despertado de la siesta y sólo tengo media hora para preparar la mochila y llegar al pabellón. No me da tiempo. O sí, pero llegaría un poco tarde y seguro que el entrenador no me deja unirme a la sesión o, en el mejor de los casos, me hará correr hasta que se canse de vacilarme por haber sido impuntual.
Hoy no puedo ir a entrenar. He estado estudiando toda la tarde y se me ha ido la hora. Estoy agotado, no he avisado para que me acerquen al pabellón y está lloviendo sin parar. Aún encima, allí siempre hay diez grados menos que en el resto de metros cuadrados de la ciudad. Aún encima, seguro que voy y enfermo, que hoy nos toca preparación física y con tantos cambios de ritmo me voy a pillar una gripe de caballo y después no puedo ir al cumpleaños del amigo de turno el viernes por la noche.
Hoy no puedo ir a entrenar. Parece que se me está levantando dolor de cabeza. Muy de vez en cuando. Sólo cuando apago la tele y me aburro de ver la vida pasar mientras sigo con el culo pegado al sofá. Mierda, ya ha pasado medio día y tengo todos los trabajos para esta semana sin hacer. Ni de coña me da tiempo de ir a entrenar, ya “pierdo” más de dos horas entre unas cosas y otras.
Hoy no puedo ir a entrenar. Entre el café con unos, la comida con otras, ir a devolver la chaqueta a esta tienda y acompañar a mi hermano a esta otra se me echa el tiempo encima y además estoy derrotada. No creo que al míster le importe, total jugamos contra los últimos de la liga y seguro que algún minuto me pondrá a jugar igual aunque falte.

Y así, todos los días de mi vida durante más de una década que llevo inmersa en este deporte. A los más pequeños, se lo consienten en casa. Les dan la razón. Hoy no puedes ir porque no te da tiempo a hacer los deberes después de estar tres horas en el parque, una y media con ellos de cafetería en cafetería y otro tanto con la tablet o con su móvil para que no molestes demasiado mientras se ponen al día con sus colegas o se quejan de la situación laboral. Mucho mejor el sofá y la consola, que no suponen mayor sacrificio para los adultos que el económico en dotar la casa de tecnologías en cada rincón.

A los que ya están creciditos no es que se lo consientan, es que se lo prohiben. Has suspendido tres asignaturas este trimestre de tanto tiempo que pierdes con el baloncesto (una hora y media, tres días a la semana), así que ve avisando a tu entrenador de que este mes solo irás a entrenar los viernes hasta que las recuperes. Mientras tanto, no me importa que te encierres en la habitación a subir treinta Insta Stories al día, que te pesen los párpados de repasar Facebook de arriba abajo, ni que tu Whatsapp esté permanentemente en línea. Total, seguramente que de las cuatro horas que te pasas encerrado o, en el mejor de los casos, en la biblioteca, diez minutos los has dedicado a preparar el examen.
Y por último, estamos los mayores, dentro de los que ya me incluyo no sé muy bien si por edad o por experiencia en acarrear con esta retahila de excusas. Estamos los que nos creemos con derecho a decidir si ir o no según el pie con el que nos levantemos y pese a ello exigir condiciones. Nos creemos con la potestad de recriminar decisiones de alguien que, por lo general, sabrá un poco más de basket que nosotros y se ceñirá a unas normas que nos toca la moral tener que cumplir. Estamos nosotros, los mayores, que no vamos a entrenar pero queremos cuarenta minutos, treinta puntos, veinte rebotes, diez asistencias y una palmadita en la espalda por lo maravillosos que somos. Ahí, ahí, que se note que desde la cantera se ha hecho hincapié en la educación deportiva, en los valores de un deporte en equipo, en el compromiso y la economía del esfuerzo en detrimento de resultadismos y elitismos. Que se note, que se sienta. Siendo ejemplo de los que vienen por detrás.
No nos engañemos. Esto es fruto de la sociedad en la que vivimos, anclada en la comodidad de quien todo lo tiene en bandeja. Una sociedad en la que nos negamos a dar un paso más si con lo que sabemos y conocemos nos llega para ir tirando. Somos la sociedad del que sobrevive, sin demasiado interés en vivir. Y esto también ocurre en el basket. Que se olvidan los valores. Que se confunde el invertir tiempo con perderlo. Que se imponen individualidades al equipo. Que se entiende como un capricho del niño por hacer lo mismo que sus compañeros, no como un deporte que aporta bienestar físico y mental, favorece la socialización, la integración, la empatía y el sacrificio ligado a una competitividad que siempre deberá de ser sana.
En definitiva, que hoy no podrá ir a entrenar. Ni mañana. Ni pasado. Pero el día que realmente no pueda, por lesión, por causas de fuerza mayor, tú como adulto te arrepentirás de haberle privado de la libertad de elegir, de no haberle ayudado a organizarse porque tiempo lo hay seguro siempre y cuando permanenzcan las ganas. Y yo, como vosotros y vosotras, como seres independientes y autónomos, nos arrepentiremos de no haber disfrutado del balón, de la cancha, de lo que el entrenador de turno al que le tenía manía me pudo haber enseñado mientras me escudé en cien mil y una excusas y de lo que, al menos para mí a día de hoy, más que un hobbie, es un modo de vida.

Como diría un gran profesor y mejor persona:
“Bico que teña, alomenos, o grandor do mundo”.
María Limeres

 

“Hoy no puedo ir a entrenar”

 

 

Los pilares de los entrenadores – Ayudantes

No todos tenemos la suerte de poder contar con gente que ayude y dedique tiempo al equipo.

Pero que importante es tener un cuerpo técnico que aporte.

Yo tengo la suerte de contar con un amigo-ayudante-segundo entrenador que me facilita muchísimo el trabajo.

 

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Cuando era futbolista, fiché por un club nuevo para mí. En el momento de estampar la firma, el presidente me comentó que sería un jugador importante para ellos, pero que el jugador más importante era el utillero. A ése no lo dejaría nunca irse a ningún otro club.

Al principio me sorprendían esas declaraciones, luego les observaba trabajar y después como entrenador sentí la importancia de esas palabras. Hay un grupo de personas en todo club, fundamentales para el desarrollo del mismo. Gente de un perfil más discreto, pero necesarias para el buen funcionamiento de toda entidad.

Nosotros como entrenadores, vemos el trabajo diario como va funcionando, y utilizamos todos los medios para que se realice de la mejor manera posible, pero sin este tipo de profesionales no sería posible.

El papel determinante que tiene nuestro grupo técnico de trabajo, tanto entrenador de porteros, ayudantes, preparadores físicos… lo destacamos de manera habitual, pero junto a ellos trabajan los físios, médicos, delegados, utilleros, responsables de material… Gente que son auténticos profesionales al servicio de una entidad.

Los fisioterapeutas son personal que te facilita la recuperación de cualquier lesionado, aumentando sus horas de dedicación para adelantar los procesos de recuperación. Para que tú como técnico tengas todas las máximas posibilidades para realizar tu trabajo.

Los utilleros que cuidan de sus jugadores para que no les falte de nada. Preparando su ropa, sus botas, sus manías… para que el jugador se sienta lo mas cómodo posible. Así podrá realizar su trabajo de futbolista de la mejor manera posible. Al estar el futbolista cómodo, y bien cuidado, será más fácil para el entrenador poder realizar más tarde su entrenamiento.

Además de ello tienen siempre la ilusión de dejarte todo tu material de trabajo (balones, petos, conos…) en las mejores condiciones posibles, con el único fin, de que puedas realizar tu trabajo de la forma más adecuada.

En muchos clubes dicen que son los ¨jefes¨, yo creo que es la realidad, tienen más importancia de la que les damos. Ellos nos ayudan para poder más tarde, sólo centrarnos en nuestra función, entrenar.

También en algunos clubes, aparecen en un papel importante, los jardineros, los de limpieza… personal que sirve para un club, pero a su vez facilitan el buen desarrollo de todo equipo.

¿Quién no ha viajado con un chofer de autobús que te ayudaba en todo viaje, para que no te preocuparas lo más mínimo del desarrollo del mismo? Porque hay conductores que son parte de la familia del club. Su involucración es total.

Yo admiro a todo el personal que rodea el mundo del entrenador, son personas que te ayudan a que únicamente te centres en tu profesión, entrenar.

PD: Entiendo que no todos los entrenadores tienen tanta gente cercana a ellos para facilitar su trabajo. Depende mucho de la categoría y nivel del club. Soy consciente de ello. En ese caso, el entrenador todavía abarca más campos, que el de simplemente entrenar y por tanto su mérito es áun mayor.
Fuente: Pablo López

http://mundofutbolbase.es/not/1834/los-pilares-del-entrenador-/

Sergio Molina Beloqui ficha por el Albacete

http://futbol.as.com/futbol/2017/01/30/segunda/1485781913_140070.html

Hoy el Albacete tiene un nuevo seguidor y aficionado.

El Albacete ha llegado a un acuerdo con el jugador Sergio Molina Beloqui. Se trata de un centrocampista de 20 años, formado en las categorías inferiores del Real Madrid que ha firmado contrato hasta el 30 de junio de 2019. El futbolista será presentado mañana. Con esta incorporación el club manchego cierra su plantilla con el objetivo de conseguir el ascenso a Segunda División. De momento el Albacete es el líder de su grupo a 7 puntos del segundo clasificado.

 

Mucha suerte crack!!!!

 

 

Respeto a los entrenadores

También los entrenadores merecemos un respeto, aunque parezca que no, es un trabajo como otro cualquiera…

 

Casi nunca nos ponemos en el lugar de los demás hasta que no lo experimentamos en carne propia. Es únicamente una cuestión de educación y respeto.

Hace unos días leía un artículo, de obligada lectura, titulado: ¡Árbitro, payaso!, estaba [Img #8619]escrito por Álvaro del Río en La opinión de Málaga. Es imprescindible que estas denuncias se hagan virales, a ver si entre todos conseguimos que el deporte se convierta en un lugar donde únicamente tengan cabida las personas que defienden los verdaderos valores que éste tiene.

La falta de respeto a la que aludía Álvaro del Río me llevó a recordar una anécdota. Durante la temporada 2003-04, la última de las tres que pasé en Los Barrios, cada vez que jugábamos en casa, un tipo del público se dedicaba los cuarenta minutos del partido a insultarme. Desde cabrón hasta hijo de la gran puta, pasando por todo tipo de lindezas. Probablemente aquel fuera el mismo sujeto que me rayó el coche. Un día, después de perder, cuando iba camino de nuestro vestuario, el fulano se balanceó sobre la barandilla de la grada dejando medio cuerpo fuera. Con una rabia de desconocida procedencia, al menos para mí, escupió todo tipo de blasfemias. Cansado de aquello, perdí los estribos y le invité a que tuviera el valor (seguro que usé otra expresión) de decírmelo cuando saliera a la calle. El tipo no esperó, y yo no me sentí especialmente orgulloso de mi reacción. Todo lo contrario.

Tras aquello me contaron la anécdota de un entrenador que tuvo la Balompédica Linense. Cada domingo era insultado por el mismo tipo. Llegó el día en el que, cansado de tanta falta de respeto, indagó sobre la profesión del sujeto en cuestión. Averiguó que este era carnicero y, sin pensarlo dos veces, se presentó el lunes siguiente en su carnicería. Se quedó justo al lado de la puerta y comenzó a gritar lo mala que era la carne que vendía aquel hombre, la falta de salubridad que tenía su tienda y otra serie de lindezas que empezaron a espantar a la clientela. El dueño salió enfurecido gritando: “¡Qué coño haces! ¡¿No ves que me vas a arruinar el negocio?!”. “Eso es lo que haces tú conmigo cada domingo”, le respondió el entrenador. Aquel tipo no volvió a abrir la boca.

Fuente: Félix Alonso
(www.felixjalonso.com)

Carta de un niño a su padre

Hola papá:

Mis amigos y yo hablamos, a menudo, de vosotros, los padres. Siempre os ha gustado que fuéramos deportistas, y si no quisiéramos serlo, seguramente vais a buscar la forma que lo seamos. Hemos pasado por varias fases en vuestra educación: la primera, cuando deseabais que fuéramos campeones y ganáramos muchos millones. La segunda etapa es la de descubrimiento de una estrella. ¡Tienes talento!, ¡puedes ser campeón!. También de las afirmaciones: “hazme caso a mí, que yo sé de esto”, “hoy seguro que ganamos”. La tercera etapa es la de decepción, salvo que seamos un Messi. Os dais cuenta que no vamos a ser unos “monstruos del balón” y nos rechazáis como deportistas de alto nivel.

Comento con mis amigos la cantidad de padres que nos encontramos, cada partido que disputamos, en los campos de la provincia. Muchos ejemplos y varias clases de padres:

Padres indiferentes: que nada saben de sus hijos, que poco se preocupan, que no les preguntan nada, por falta de interés, porque están con la cabeza en sus problemas o negocios. Padres sobreprotectores: pesados, [Img #6465]invasivos, presionantes. “Tanto lo quiero, tanto lo aprieto” (y sin querer les quitan el aire). Padres equilibrados: aunque parezca mentira existen. Se meten lo justo y necesario, se preocupan por sus hijos, no realizan preguntas por la eficacia y confían en los entrenadores. Padres que no exigen ni presionan, que acompañan, que disfrutan yéndolos a ver y que son felices de ver bien a su hijo y que gracias al deporte, tienen cosas para contar.

¿Papá, te has preguntado si estás en alguna de estas categorías de padres? Nunca me has preguntado ¿lo has pasado bien?, cuando termino el partido. Siempre me preguntas ¿cómo has quedado? Este es el modelo de padre que no quiero que seas, el que presiona, obliga, se dedica a ser mi entrenador, me reta cuando lo hago mal, el que vive mis triunfos y mis derrotas como si fuesen tuyas y como si el orgullo familiar se pusiera en juego.

Me gusta mucho que me lleves todos los fines de semana a los partidos, que me recojas del colegio y me acompañes a los entrenamientos, que me compres las mejores botas y que me des consejos, esto que haces por mí a diario hace que te quiera cada día más. Quiero que sepas que hay cosas que no hago, porque no se hacerlas, no porque no quiera. Porque soy un niño, papá. Por eso me equivoco. No quiero que te cabrees, pero no me gusta que me grites desde la grada del campo. Me da mucha vergüenza que me digas lo que tengo que hacer en los partidos. No me gusta que mis compañeros y mi entrenador escuchen tus gritos, él ya me dice lo que tengo que hacer durante toda la semana. Tampoco me gusta que le grites al árbitro, él tampoco quiere equivocarse, no lo insultes, porque yo no lo hago.

Me han enseñado que todos los jugadores del equipo tiene que jugar, incluso los que saben menos que yo. No me gusta que te enfades cuando me cambian por otro. Los que entran a jugar por mí son mis amigos. Esto es un juego papá, quiero divertirme. Yo sé que nunca me has mentido, así que quiero que recuerdes cuando tenías mi edad y trates de ponerte en mi lugar. ¿Es que tú sabias hacer todo lo que me pides que yo haga? ¿Eras tan bueno jugando al fútbol como dices?

Otros padres no gritan cuando fallan sus hijos. Y no le discuten al árbitro, le aplauden al contrario al terminar el partido. Papá yo quiero jugar al fútbol, porque el fútbol es el deporte que más me gusta. Yo sé que no soy el mejor, que no vamos a ser campeones y que no voy a jugar en primera división, pero deseo practicarlo todo el tiempo que pueda.

Nunca me preguntaste si me gustaba el fútbol. Desde bien pequeño me pusiste una pelota delante y me regalaste unas botas sin consultarme. No te preocupes, has acertado papá, claro que me gusta el fútbol, para mí, es el mejor deporte que hay. Pero tienes que saber que hay días que no tengo ganas de ir a entrenar, que a veces estoy cansado, que no me apetece jugar al fútbol y aguantar toda esa presión que me metes. Quiero que sepas que no soy un fenómeno, no han tenido tiempo de enseñármelo todo, que fallo mucho, que soy un niño jugando a un juego de niños. Y sobre todo, quiero seguir jugando al fútbol y que estés siempre a mi lado para llevarme a los campos, cuando sea mayor yo te llevaré a ti.

Esta situación que yo “sufro”, cada fin de semana que disputamos un partido, también la sufren compañeros de equipo, incluso amigos en otros equipos que conozco. Me cuentan como, desde la banda, madres, padres y aficionados en general gritan, insultan y comentan jugadas. Que hay opiniones de todo tipo, casi siempre de mal gusto, las peores sobre el árbitro. Durante todo el encuentro tienen que aguantar improperios, insultos, descalificaciones. Pero lo peor de todo, indicaciones a los jugadores de su mismo equipo: chuta, centra, regatea, sube, baja, aquí, allí, que se mezclan con las del entrenador. Una locura papá.

No seas como ellos, tú eres un gran padre para mí y no quiero que cometas sus errores. Tú me has enseñado a ser niño, pero a ti nadie te ha enseñado a ser padre. Desgraciadamente, no hay escuelas donde aprender el modelo para aprender un trato ideal con tus hijos. Vosotros, los padres, hacéis lo que podéis, unas veces es mucho y otras poco. Sólo te pido que, por lo menos, lo intentes.

¿Qué puedes hacer por mí?

Aprende a aceptar que los niños no jugamos para entretener al público, ni para ganar, jugamos para divertirnos, para pasarlo bien. Es importante que aceptes esta situación como parte del juego. Desde que me diste un balón, quería jugar, competir y ganar, pero no a cualquier precio. Se trata de saber encauzar la victoria, se trata de saber perder y saber ganar. No me recrimines mis errores. Estoy aprendiendo, soy pequeño. No me teledirijas, no me des instrucciones, que lo haga el entrenador, si no me equivoco nunca aprenderé. Ten en cuenta que tus comportamientos son un modelo a imitar por mí. No hagas que acabe odiando el fútbol por tí.

[Img #6464]La mayoría de padres adoptan una actitud de respeto y diversión sin buscar más allá que su hijo pase un rato divertido, fíjate en ellos. Si vas a sufrir, no vayas a verme, porque yo también sufro. No me ridiculices, ni a mí ni a mi equipo, bajo ningún concepto. No cuestiones las decisiones del entrenador ni de los árbitros. Apóyame, tanto en el esfuerzo como en la victoria. Reconoce mis virtudes y las de los demás.

El fútbol, a mi edad, es una etapa lúdico formativa en la que quiero que me acompañes. Pero quiero tener la libertad de encontrarme a mi mismo y tú debes ser el responsable de ese camino. Estoy aprendiendo el valor de las cosas, viviendo con ilusión el deporte que más me gusta, el fútbol. Déjame que supere por mi mismo las adversidades y respeta mi proceso de formación. Me gustaría ser jugador de fútbol profesional, pero si no lo soy, no pasa nada, me conformaría con hacer deporte y jugar con mis amigos todo el tiempo que pueda.

Por último, debes saber que, a pesar de todo lo que te cuento en esta nota, el fútbol y tú sois lo más importante en mi vida y me gustaría que siguiera siendo, por eso quiero que seas mi padre, no mi entrenador. Te quiero papá..

Fuente: Pedro Meseguer Díez

Mundofutbolbase.com

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