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Formar & competir

Hay una tendencia extendida en el fútbol base que consiste en clasificar a los entrenadores en dos grandes bloques: formativos o competitivos. Se hace como si habláramos de dos conceptos antagónicos, irreconciliables, de dos mundos diferentes.

 

El principal argumento que se utiliza para hacer la división es si el técnico en cuestión busca resultados (o sea, ganar) o no. De ahí nace la confusión. Porque todos los entrenadores de base buscamos el mejor resultado en cada partido. Sí, todos queremos ganar. Lo que realmente debemos analizar no es el objetivo, sino qué camino escogemos para obtenerlo. Es aquí donde se debe poner el foco, en el proceso, no en el objetivo. Por lo tanto, volviendo a la dicotomía a la que hacíamos referencia al principio, la división debería hacerse entre entrenadores formativos y resultadistas.

Los primeros son los que establecen unas prioridades, dibujan un marco de trabajo, crean las condiciones para que el grupo de jugadores hable el mismo lenguaje técnico-táctico, fijan como prioridad el estilo que se ha elegido para conseguir el objetivo (ganar) y lo establecen como un bien superior; transmiten a los jóvenes jugadores que el proceso, el cómo, es la prioridad, y que siendo fiel a él habrá una consecuencia: la mejora de rendimiento y, como colofón, los buenos resultados. Seguir estas líneas requiere paciencia, entender que habrá altibajos en la progresión de los jóvenes jugadores y que ser fiel a estos procesos de aprendizaje nos deja expuestos (aunque no es matemático que sea así) a reveses en la competición a corto plazo (derrotas). Pero servirá para crear bases sólidas en los futbolistas de cara a las próximas temporadas.

Tomemos un ejemplo práctico para aclararlo. Tenemos dos equipos que, durante una temporada ganan la mayoría de sus partidos y quedan primeros de sus respectivas ligas. Al inicio de la campaña siguiente hacemos un seguimiento de las habilidades técnicas y tácticas que tienen los jugadores que los formaban. En el primer equipo que analizamos, el 90 % de los futbolistas dominan todos los aspectos del juego que les corresponden por edad. Ese es el fruto del trabajo de un entrenador formativo. En el otro, que obtuvo las mismas victorias que el primero, solo el 10 % de la plantilla domin[Img #7334]a los registros que deberían tener consolidados, tanto en lo referente al aspecto técnico como al táctico. Este es el resultado de los métodos de un entrenador resultadista, que no competitivo.

 

Fuente: http://mundofutbolbase.es/not/1713/formar-vs-competir-el-falso-antagonismo/

Carta de un niño que juega al fútbol a su padre

“Papá, ¿qué estás haciendo?

 

No sé muy bien cómo decírtelo. Seguramente crees que lo haces por mi bien, pero no puedo evitar sentirme raro, molesto, mal.

Me regalaste un balón cuando apenas empezaba a andar. Aún no iba a la escuela cuando me apuntaste al equipo de fútbol. Me gusta

entrenar durante la semana, bromear con los compañeros y jugar el domingo como hacen los equipos grandes.

Pero cuando vas a los partidos, no sé. Ya no es como antes. Ahora no me das una palmada cuando termina el partido ni me invitas a

un bocata.

 

Vas a la grada pensando que todos son enemigos, insultar a los árbitros, al os entrenadores, al os jugadores a los otros padres…

¿Por qué has cambiado? Creo que sufres y no lo entiendo.

Me repites que soy el mejor, que los demás no valen nada a mi lado, que quien diga lo contrario se equivoca, que sólo vale ganar.

Ese entrenador del que dices que es un inepto es mi amigo, el que me enseñó a divertirme jugando.

El chaval que el otro día salió en mi puesto, ¿te acuerdas? Si, hombre, aquel a quien estuviste toda la tarde criticando porque “no

sirve ni para llevarme la bolsa”, como tú dices… ese chico está en  mi clase. Cuando le vi el lunes me dio vergüenza, no quiero

decepcionarte. A veces pienso que no tengo suficiente calidad, que no llegaré a ser profesional y a ganar cientos de millones, como tú

quieres.

 

Me agobias. Hasta he llegado a pensar en dejarlo; pero me gusta tanto…

Papá, por favor, no me obligues a decirte que no quiero que vengas más a verme jugar.”

La trampa de fichar por un grande en fútbol base

“Acabo de fichar por tal equipo, el sueño de toda mi vida se ha hecho realidad. Mi hijo de 9 años jugará la próxima temporada en el mejor equipo del mundo. Te escribo para agradecértelo porque en parte tu fuiste el primero que apostaste por mi hijo y siempre le has ayudado tanto. Tu eres el primero en saberlo”

La primera reacción es positiva porque ciertamente va a jugar en un gran equipo pero luego, cuando miras a tu alrededor te encuentras las mismas historias repetidas una y otra vez con finales muy penosos.

¿Por qué digo que es una trampa?

Porque este equipo que te ha fichado tiene un objetivo muy pobre para tu hijo: ganar a sus rivales y seguir teniendo el prestigio que está obligado a mantener como sea. Tiene que ser el mejor año tras año y cada partido es un reto para el Club. Si no gana queda manchada su imagen.

¿Cómo actúan?

Se dedican a buscar jugadores por todas partes destrozando el trabajo que realizan otros clubes, prometiéndoles el sueño de su vida. Pero es una trampa porque todas esas promesas no se llegan nunca a cumplir y cuando estos jugadores ya no sirven para sus ambiciosos objetivos, el pulso no les tiembla y se deshacen de él porque hay otros que pueden serles más útiles y de nuevo empieza el ciclo con nuevas promesas hasta que lo despiden y reciben a otro.

Y tú, como padre, que me escribías tan ilusionado, te quedas con las manos vacías, con la vergüenza de haber pasado sin pena ni gloria por ese club de los sueños y habiendo perdido un tiempo de infancia difícil de recuperar, destrozado, con la lección bien aprendida de no caer en este mismo error nunca más.

[Img #5248]

¿Han perdido un tiempo de su infancia?

Sí, muchos de estos niños ya no tienen tiempo de jugar, se han metido en un buen lío. Un taxi les recoge en su casa (menudo lujo) para realizar 3 ó 4 veces a la semana un traslado hasta la fabulosa ciudad deportiva para participar en un simple entrenamiento que no difiere mucho de lo que ya estaba haciendo en su club. A la vuelta, ya solo tiene tiempo de cenar y acostarse. Y eso los 365 días del año, con 9 años. Y a esto, le sumas la presión de la competición. Si no juegas bien, sabes que tienes los días contados. Siempre nuevos chicos a prueba que juegan en el mismo puesto que tu hijo, etc.

¿Donde está la trampa?

Como te lo dan todo gratis, tu tienes que aguantarlo todo porque los padres no pintan nada en todo esto. Como si se tratara de profesionales. Y son niños. Si no te gusta, tienes que ser valiente e irte pero no hay narices para hacerlo. Uno se calla y empieza el sufrimiento. Estás completamente en sus manos y lo peor de todo es que no existe un compromiso por su parte para mantenerte. El día que no sirvas, te echan, sin más. Esperan al final de la temporada, por educación, pero te tienes que ir. Y tu ya sabes que esto puede pasar.

Dicen que los niños aprenden más jugando en estos equipos pero es mentira. Alex, un gran portero de la Fundación Marcet, pasó por este trauma. Le fichó un gran equipo y aunque intentamos explicárselo, cayó en la trampa. Hoy, al cabo de dos años, ha conseguido liberarse. Los padres decidieron sacarlo de allí porque no estaban de acuerdo con lo que estaba pasando: los entrenadores trataban a su hijo como si fuera un jugador profesional, el vocabulario dejaba mucho que desear y ellos no estaban dispuestos a permitir que la educación que le estaban dando en casa quedara destrozada por unos señores que todo esto les da igual, que tienen un único objetivo que es ganar y colgarse una medalla que les permita ir subiendo en el engañoso camino de la competición.

Quizá os puede ayudar a entenderlo mejor si os explico que los padres estaban cansados de recoger a su hijo al final del partido habiendo jugado media parte y tocado dos veces el balón con el pie (es portero). Estos super equipos han fichado lo mejor del país y los rivales no tienen nada que hacer (con pocas excepciones) con lo que es bastante normal ganar por goleada. Ya me dirás que puede aprender un niño que toca dos balones con el pie durante todo un partido, sábado tras sábado. Qué ilusión puede hacerle ir a jugar los partidos si no existe un mínimo de igualdad. Dónde está el esfuerzo, dónde está la superación. No existen, porque el objetivo es ganar. Da igual lo que el niño sienta o necesite. Yo tengo que subir escalones hasta llegar a lo más alto del fútbol. El protagonista no es tu hijo sino yo, el entrenador, la institución.

¿Entendéis por qué es una trampa?

Los padres de Alex decidieron sacarlo de allí y ahora está feliz, en un equipo donde tiene que luchar para conseguir ganar, donde se pierde y no pasa nada.

[Img #5249]A este niño de 9 años que acaba de entrar en este gran equipo, le deseo lo mejor. Mientras lo utilizan para sus objetivos personales, otros niños en el mundo que no tienen todavía esa calidad siguen trabajando duro para mejorar con el mismo sueño de llegar a ser futbolistas profesionales. Con el tiempo, al estar libres de presiones, al tratarlos como niños, al tener que superarse constantemente porque cada partido tiene un grado de dificultad muy grande, esos niños llegarán a cadetes y serán los que realmente sustituirán al de 9 años que entra con toda la ilusión pero que está completamente quemado por su club. No ha crecido al mismo ritmo que los demás niños y sus cualidades que eran superiores a las de tantos niños se han equiparado o han sido superadas con creces. Se ha quedado estancado.

Esta es la razón por la que afirmo que esto es una trampa. Luego dirán que a tu hijo le ha faltado un poco de suerte, que le falta tal o cual cualidad para seguir en el equipo pero la culpa de este nuevo fracaso es de ellos y no de tu hijo. Sin embargo, es tu hijo el que lo va a pagar. Y todo esto no sale nunca a la luz. Pero eso es así. No podría escribir este artículo si no tuviera la confirmación de tantos jugadores a los que aprecio mucho que se han quedado sin su sueño porque han caído en la trampa de los equipos grandes.

Marc, Luis, Alex, Dani, Armand, Arnau, son los nombres propios de algunos de los chicos que han pasado por la Fundación Marcet y que entraron en un club grande muy pronto, que me escribieron una carta o me llamaron como tú hoy estás haciendo. Me agradecían el trabajo que se había hecho con su hijo y comentaban que empezaban una nueva etapa. Hoy en día estos niños ya no están en este club, los han echado a todos. Ahora te toca a ti vivir esa penosa experiencia que quizá te puedes ahorrar, si tienes un poco de sentido común.

Fuente: www.javiermarcet.com

 

¿Entiende el jugador al entrenador?

La principal misión del entrenador de fútbol base es enseñar. Para poder enseñar, el entrenador tiene que tener conocimientos y saberlos transmitir.

El entrenador tiene la obligación de estar al corriente de las diferentes materias que rodean al fútbol base moderno y enseñarlo, actualizándose por medio de contactos, libros, revistas, internet, cursos y de todas las maneras posibles. El conocimiento del medio será básico para desarrollar la labor de entrenador. “No se puede enseñar lo que no se sabe”.

Como profesor, el entrenador debe poseer habilidades pedagógicas para poder afrontar el proceso de aprendizaje. Tiene que ser didáctico, directo y claro, y tener el crédito y el respeto de sus alumnos. Debe educar, es decir, formar el carácter del niño.

[Img #5259]El entrenador tiene que transmitir los conocimientos de tal manera que puedan ser asimilados fácilmente. Debe conocer bien a sus jugadores, cada uno es diferente y se le debe tratar de forma diferente. Es necesario conocer cuál es la motivación del niño y del adolescente y cuál es el sistema de motivación adecuado.

Para que el deportista o alumno se desarrolle de forma íntegra es necesario que exista una buena y equilibrada relación con su educador. El entrenador es una de las figuras más importantes en la iniciación deportiva del niño, y en su seguimiento posterior, ya que el propio entrenador es el que planifica su preparación y el que lo acompaña continuamente. El entrenador debe optar por escoger un enfoque positivo en su educación-entrenamiento, debido a que aumenta la motivación del futbolista, y a su vez favorece la consecución de los objetivos plateados.

La relación entre el futbolista y su entrenador tendrá éxito si el comportamiento del entrenador, hacia sus futbolistas, o hacia la propia competición le influye positivamente al niño. El clima fomentado en la dirección de equipo por el entrenador va a influir en el comportamiento de los jugadores. Las diversas intervenciones del entrenador en situación de competición están cargadas de emoción y de afectividad, y es necesario encauzar adecuadamente las mismas, de forma que éstas tengan un efecto positivo en los jugadores. Ser positivos, no desmoralizarlos, tenerlos en tensión, pero no tensos y saber motivarles para sacar el máximo rendimiento, tanto en entrenamientos como en partidos. Hay que escoger el momento adecuado de cuándo comunicar.

Discurso realista y claro.

Hay que ser realistas, pedirles cosas que puedan conseguir. Iremos pidiéndole progresivamente un poco más. El látigo y el aquí mando yo, no va con la mentalidad actual de los jugadores. Estar por encima del equipo utilizando argumentos “aquí mando yo, yo soy el jefe, se hace lo que yo digo” no conduce a ningún sitio. Los comportamientos negativos del entrenador provocan en los jugadores inseguridad, preocupación y pérdida de concentración.

Los comportamientos positivos del entrenador provocan en los jugadores sentimientos de satisfacción e incentivan hacia la actividad. Las expresiones verbales del entrenador son numerosas y casi todas se refieren a las acciones del juego. Debemos preocuparnos en que el lenguaje utilizado con los niños tiene que ser sencillo, digerible por ellos. Durante el partido pueden verse acciones que, para un iniciado al mundo del fútbol, podrían ser difíciles de entender, “ensanchar el campo”, “gana la espalda” “defender en zona” son ejemplo de frases que se utilizan y que el niño no tiene porqué saber que significan jugar por las bandas, cuando se supera a un contrario o cuando un jugador tiene que vigilar una zona y no cubrir a un sólo jugador asignado previamente. Otras palabras indefinidas como ¡Vamos! o gritar nombrando al jugador ¡Antoniooooo! sin decir ni una sola palabra más, hacen que el jugador se desoriente. Si el entrenador no le indica al niño lo que tiene en su mente y quiere que haga, el niño no lo va a hacer. Los entrenadores deben saber que los niños no pueden comprender algunos conceptos y no los pueden comprender tan pronto como ellos piensan.

La etapa benjamín es la primera etapa del niño futbolista, en la que aún no asimila bien los conceptos y, es por ello que, se les debe dar las mínimas nociones de táctica ya que a estas edades es muy difícil que comprendan lo que es un sistema de juego. Deben entender en qué consiste atacar (ir hacia la portería contraria) y para qué sirve (para lograr gol). Entender como colocarse en el terreno de juego explicando que existen puestos para cada jugador y cuáles son. Entender en qué consiste defender (volver hacia tu portería) y para qué sirve (para no encajar un gol) y cómo colocarse en el terreno de juego para conseguirlo. Saber dónde colocarse en el terreno de juego para evitar estar todos en el mismo sitio y dejar espacios libres sin ocupar.[Img #5261]

La etapa alevín es la etapa donde se le enseña al niño futbolista, una evolución básica en el juego. Tienen que saber las fases del juego (defender, crear y atacar). Entender en que consisten los ataques y como se realizan. Como conseguir la amplitud y la profundidad en el juego y para qué sirve. Saber desmarcarse (apoyo o ruptura) con la finalidad de crear espacios libres y el marcaje, cómo se realiza y para qué sirve. Se les enseña en conjunto a replegarse, coordinándose con otros compañeros y a desplazarse.

No se puede considerar que exista una única forma de actuación correcta para el entrenador, ni que ésta esté establecida de antemano. En cada situación suelen existir varias posibilidades de actuaciones adecuadas, dependientes del modo en cómo se comporte el niño.

En resumen, en el lenguaje del fútbol se hallan numerosas frases cuyo significado global no siempre es transparente para el niño y debemos hacer que lo sea. El aumento de la confianza de los jugadores tendrá como consecuencia una mejor actuación del niño.

La relación que se establezca entre el entrenador y el futbolista; o entre el docente y el alumno determina en muchas ocasiones los motivos de cualquier futbolista para iniciarse y posteriormente formarse en el fútbol.

Ponte en el lugar del niño e intenta que te entienda, si no lo hace no progresa.

Fuente: lasoledaddelentrenador

¿Qué está pasando en el fútbol practicado por menores? ¿De verdad es éste el objetivo?

Artículo de http://mundofutbolbase.es/not/1583/-que-esta-pasando-en-el-futbol-practicado-por-menores-/

 

Hoy vamos a hablar de una cuestión que nos preocupa desde una perspectiva ética, y es la dirección que está tomando el fútbol practicado por menores, en muchos casos niños, y que me parece que lleva a la destrucción del deporte, e, igual, de los propios practicantes.

Y como planteamiento de la cuestión traigo aquí tres noticias acaecidas en un lapso de tiempo limitado:

Agresión salvaje a un entrenador de 17 años en un partido de cadetes en Cornellà (El Mundo, 29 de abril de 2014): “Un grupo de padres de futbolistas menores de edad saltó al terreno de juego para derribar, patear y golpear al joven técnico de 17 años del equipo rival. Ha sucedido en el estadio del Club Deportivo Fontsanta Fatjó de Cornellà de Llobregat (Barcelona), en el que el equipo local se enfrentaba al Molins de Rei, ante la abochornada mirada de los ocupantes de la grada, desde donde se registró la agresión en vídeo y se avisó a la Policía del vergonzoso suceso.”

Un árbitro resulta agredido por un padre en un partido de benjamines (La Provincia, 29 de [Img #6853]abril de 2015): “Un joven colegiado, Juan Ramón M. C. -de 17 años- resultó agredido en la noche de este martes por un padre al término de un partido de fútbol de categoría benjamín. Como consecuencia de la brutal agresión, el árbitro acabó ingresado en el Hospital Santa Catalina de la capital grancanaria, donde espera ser intervenido quirúrgicamente a lo largo de este miércoles para colocar en su sitio el tabique nasal, que resultó fracturado por el puñetazo recibido por un padre de un jugador del CD San Fernando.”

Denuncia insultos e intento de agresión a una árbitro menor de edad en un partido de fútbol en Armilla (ahoraGranada.com, 29 de abril de 2015) “La joven, según señala el sindicato, sufrió las “violentas reacciones” de entrenador, jugadoras, y aficionados, que “le increparon y trataron de agredir a la conclusión del partido”. De hecho, en el acta recoge todo un rosario de insultos de corte machista, como los del propio entrenador local, que la llamó “zorra”, y que animó a la afición a seguir vejándola y amenazando, con palabras como “Eres una hija de puta, sólo vales para limpiar lavabos, sólo sirves para comer pollas”, y frases del mismo estilo.”

Eso es lo que ven niños de 8 ó 10 años que practican fútbol como diversión; violencia, sexismo –valientes las pocas mujeres que arbitran, hay que escuchar lo que se les suele decir-, insultos… Con eso queremos formar a la siguiente generación ¿En qué? ¿En estupidez? Luego nos quejamos de que cuando lleguen a la edad del botellón estén sin civilizar, pero ¿Qué les mostramos? ¿Respeto a los demás, valores como el sufrimiento o el saber perder? ¿Saber ganar? ¿O el todo vale para conseguir mis objetivos, aunque sean imposibles? De verdad es el objetivo hacerles violentos o machistas. ¿O es que se diviertan a la vez que se forman en valores positivos?

Recomiendo la experiencia de darse un paseo un sábado a la mañana por un campo en el que jueguen niños de esas edades y observar a los padres; yo en Galindo nunca he visto agresiones como esas, gracias a Dios, pero sí a energúmenos insultando y amenazando al árbitro, a los rivales, y, pásmense, a sus propios hijos, que no juegan como el padre les ha enseñado, e, incluso, obedecen a su entrenador y no a su padre, que es el que sabe. ¿Cuántas frustraciones propias transmitimos a los hijos? Creo que muchas, porque basta ver la actitud del padre que jugó al fútbol y se quedó en Regional; su niño va a triunfar, llegar a Primera y a la Selección; y de paso, hacer ricos a toda la familia, que también hay mucho de eso, especialmente con chavales de 15 – 16 que parece que sí, pero que no, pero que parece que vale…; todo ello aliñado con los agentes, que calientan orejas y ofrecen contactos –y contratos- que llevan al estrellato.

Y antes hablaba de saber perder, pero ahora hablaré brevemente de saber ganar, que en eso tampoco parece que se les forma, para lo que me remito a otra noticia:

El partido de alevines que acabó en humillación (ABC, 28 de abril de 2015) : Al descanso, el Calasanz perdía 0 – 15, “Entonces, el monitor del Calasanz, Jonatan Pacho, le pidió al entrenador racinguista, señor Matabuena, que por favor «aflojaran un poco», que tenía a los niños hundidos en el vestuario y no querían volver al campo a disputar la segunda parte. El técnico racinguista se negó, argumentando que para él respetar al rival era jugar al 100 por 100. Según relata la web del Calasanz, Matabuena añadió que «el problema es vuestro, lo que tenéis que hacer es equipos mejores para que no pase esto, yo formo jugadores que podían ser profesionales y no les voy a mandar parar». Los jugadores tienen 11 años; el partido acabó 1 – 34.

Como único consuelo el Racing como institución pidió disculpas dos días después y parece que la Federación va a buscar alguna solución, como se hace en otros deportes: por ejemplo, en un resultado dado -7 a 0 o así- bloquear el acta; en todo caso, normativizar lo que no es más que sentido común.
[Img #6835]
Y me vuelvo a centrar en el mensaje que se les transmite, esta vez por los entrenadores –y no quiero personalizarlo en nadie, que el señor del Racing que tuvo la mala suerte de que su nombre trascendiese no es un bicho raro, sino alguien habitual en este mundo- que les dicen con 11 años ¡que tienen que ser así, que no deben parar, que igual van a ser profesionales! ¿Profesionales? ¿Cuántos? ¿Uno cada dos o tres años? Pero claro, los chavales lo oyen y se hinchan; ¿Cómo no? ¿Quién no se hincha cuando le halagan?; y por si acaso uno llega a ser algo, hacemos cien gallitos insoportables transmitiendo -a sabiendas, tristemente- una posibilidad muy poco probable, que cuando no se materializa genera frustración y además problemas de futuro.

Porque cuando te mueves en el mundo semiprofesional te encuentras, demasiado a menudo para buena cosa, chavales alrededor de la treintena, que con quince años dejaron los estudios porque prometían mucho, se han quedado en poco –y ojo, que jugar en 2ª B requiere un altísimo nivel deportivo no remunerado en proporción a lo que es el salto al mundo LFP- y ahora tienen un cochazo, 50.000 euros en el banco, la ESO sin acabar y nada por delante. Les aseguro que es triste de ver.

En conclusión, que tenemos que ser cuidadosos con el mensaje que trasmitimos a los menores que practican el fútbol, que este mensaje no puede ser de violencia, pájaros en la cabeza y frustración. En mi opinión debe ser de esfuerzo, diversión, compatibilidad con el estudio, y si un día llega la oportunidad de dar el salto –pero oportunidad de verdad- a por él, que también algunos llegan al máximo nivel del deporte profesional. En todo caso, un mensaje sensato y racional, que les lleve a ser mejores. Y por supuesto, erradicando la violencia de los campos.

Fuente:Francisco de Borja Iriarte

Fuente: http://mundofutbolbase.es/not/1583/-que-esta-pasando-en-el-futbol-practicado-por-menores-/

La detención del talento en el jugador…

Totalmente de acuerdo con el artículo que os pongo a continuación.

El entrenador no puede manejar al jugador desde la banda diciéndole continuamente lo que tiene que hacer, es el jugador el que tiene que tomar decisiones y aprender de ellas.

En mis equipos siempre acabo los entrenamientos con partido, condicionado, modificado… pero siempre con juego libre… VIENEN A DIVERTIRSE!

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No quiero hablar de la detección del talento sino de todo lo contrario. De cómo podemos frenar el desarrollo de grandes futbolistas por culpa de nuestra intervención en su formación.

O visto desde otra perspectiva, de qué fútbol estamos creando para el futuro.
Se hacen posesiones, evoluciones, rondos, figuras técnicas de pase… pero no se enseña fútbol. Ojo, no estoy diciendo que en el proceso de aprendizaje de un pequeño futbolista, la intervención del entrenador como tal, con su feedback, explicación o corrección, sea lo más importante. No. Generalmente es la práctica la que hace que el niño aprenda. O por lo menos, es la que tiene el mayor peso en el proceso formativo. Pero si esa práctica es inadecuada, descontextualizada o simplemente desacorde para la edad del futbolista, perdemos tiempo en la formación del niño. Horas, minutos y segundos que en la actualidad, valen oro.
Y digo que valen oro porque el tiempo total de práctica ha disminuido considerablemente en los últimos años. Si echamos la vista atrás, en la que el fútbol de calle era mucho más visible, y contamos las horas de práctica semanales [Img #6512]que tenían esos niños, veremos como tenían una gran cantidad de horas a la semana. Ahora, con mayores restricciones para poder jugar, y sobre todo con el cambio de sociedad, los niños juegan menos en la mayoría de los casos. Aunque no tan poco como en algunos sitios nos quieren vender.

Como el Fútbol Calle fue la panacea en la formación de la mayoría de grandes futbolistas, se está intentando implantar cosas de él en el proceso formativo de nuestro fútbol base, sobre todo a raíz de algunas publicaciones.

Sin embargo, si nos vamos a cualquier campo de fútbol donde haya niños entrenando, vemos algunos aspectos que chocan con ese Fútbol Calle que en principio tiene tantas ventajas:

Cuando jugábamos en la calle, siempre había direccionalidad. No “echábamos” posesiones, y cómo mínimo había una portería.

Esa direccionalidad, provocaba que el niño siempre tuviera una posición. Informal, pero la tenía. Estaba el que se quedaba atrás, el que atacaba, el del medio…. En función de tus características, te colocabas donde más a gusto te encontrabas, o donde el resto del equipo te decía. Por tanto, siempre “entrenabas” desde una posición.

Había portero. Porque sino el juego era aburrido. No valía eso de “hay que atravesar la portería para marcar”, o “10 pases son un gol”. El gol, que a fin de cuenta es lo que siempre sale en la televisión y lo que a todo el mundo le gusta, era el motor motivacional de ese aprendizaje informal que estaban teniendo los niños.

Y por supuesto que las tareas como las posesiones, los rondos etc. etc. tienen que tener cabida en nuestros entrenamientos. Faltaría más. Y sobre todo debemos en ellas facilitar los objetivos, y si este es el mantenimiento de la posesión, incluir porterías u otros elementos puede interferir en la consecución o no del objetivo. Pero tenemos que jugar. Y jugar. Y seguir jugando. Aunque no a cualquier precio.

Los equipos estaban compensados. Porque la elección se hacía a pares y nones, y se daba la oportunidad de tener buenos jugadores a cada equipo. Y si se daba la circunstancia de que no era así, y un equipo ganaba por goleada al otro, se paraba y se rehacían los equipo. Esto fomentaba la competitividad, y sobre todo, que todos tuvieran oportunidades de jugar. Los defensas de ambos equipos participaban, porque los dos ataques eran buenos y creaban oportunidades. Pero, ¿cuántas veces hemos visto terminar entrenamientos, o sesiones completas, entre el Benjamín A contra el B?

¿Y cuántas veces esos partidos quedaron con un resultado abultado para el primer equipo? ¿Aprendieron ambos por igual? ¿Los jugadores ofensivos del equipo B tuvieron tanto tiempo efectivo de trabajo como los del A? ¿Y los defensas del A? ¿Tantos como los del B? Y si repetimos esto durante toda la temporada, ¿cuáles son los tiempos totales de aprendizaje [Img #6514]para uno y para otro?

Y sobre todo y más importante, ¿qué marcador somático tienen los del equipo B, que partido tras partido se van con un saco de goles?

4. En muchas ocasiones, y pensando nosotros lo contrario, estamos restando al niño. Porque le restringimos, le prohibimos, y le manejamos como a nosotros nos gustaría que jugase. Incluso intentamos enseñar gestos técnicos, cuando es posible que la técnica sea una de las cualidades más específicas que existan, y que no haya dos formas iguales de realizar una acción.

Broncas por el intento de un regate cuándo podría haber dado un pase. ¿Bronca por un acto creativo, por una actitud individualista, cuándo en toda la Historia del Fútbol precisamente eso ha sido lo más valorado?

Y claro, habrá que enseñarle cuándo es mejor utilizar el regate, en qué momento, en qué lugar…pero, ¿no formará parte ese error que pueda cometer, esa individualidad, en el proceso formativo del futbolista? Y si tenemos a un jugador que tenga esas características, ¿debamos dejarle que las muestre e incluso fomentarlas?

Si no sumamos al jugador, por lo menos no le restemos..

Fuente: Gonzalo Escudero

http://mundofutbolbase.es/not/1476/la-detencion-del-talento-/

 

La cruz del entrenador

Ser entrenador es una de las cosas más difíciles que existen en el mundo del deporte. En cualquiera de ellos, haga lo que haga un entrenador, siempre tendrá alguien que cuestione su trabajo. Es algo que no falla, matemático. Lo vemos en entrenadores de élite, en este caso fútbol que es el deporte que nos atañe, que incluso alcanzando las cotas más altas son criticados por sus planteamientos o ideas. Cualquiera de la grada hablará y sabrá más que él.

Si nos vamos al fútbol base, terreno complicado, muchos son los que tranquilamente ponen en juicio el trabajo del entrenador. Da igual la categoría, pre-benjamín o juvenil, siempre habrá alguien disconforme que sabrá más que tú, amigo entrenador. Y ahí es donde nos preguntamos entonces porque realizamos este trabajo si es muy difícil que nadie lo reconozca. La respuesta es simple, para ser entrenador debes de llevarlo desde dentro. Entrenadores de banda y grada hay muchos, entrenadores de verdad que den el paso al frente y cojan un equipo pocos.

Y es que hoy en día para ser entrenador tienes que estudiar los distintos niveles donde te atiborran de conceptos, detalles, ideas y te enseñan a prepararte para este deporte. Vamos dedicar un montón de tiempo y varios años para conseguir tus diferentes carnets de entrenador.

Después te chupas multitud de partidos desde la base, de campo en campo por tu ciudad e incluso provincia, año tras año subiendo de categoría, trabajando con chavales. Intentando aprender y exprimir al máximo lo que has aprendido con tanto esfuerzo en esos cursos que te dan un carnet que dice que eres entrenador, el que no tienen esos que saben más que tú y te ponen verde desde la grada. Pero que no tardarán en decir que te lo han regalado.

Pero da igual todo eso, y que los que están fuera no sepan diferenciar un ataque directo de un ataque posicional. Una transición defensa-ataque les sonará a política y hablarán de pases al hueco en vez de pases en profundidad o al espacio como si jugaran a la Play. No habrán gestionado un grupo de chavales ni habrán dirigido nunca un equipo de fútbol pero con un simple este entrenador no tiene ni idea, hay que subir las líneas o chuta fuerte hacía arriba, vamos lo arreglarán. Y encima, sabrán más que tú pero eso amigo entrenador, será siempre tu cruz.

Pocos estarán contigo en las derrotas aunque aportes otros valores importantes pero la sensación del trabajo bien hecho es lo único que te deberá importar porque por eso eres entrenador. Si te importara lo que dijeran otros, te hubieras dedicado a otra cosa.

 

fuente: http://colgadosporelfutbol.com/la-cruz-del-entrenador/

 

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